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Cómo actuar ante las rabietas de los niños

General

¿Qué son las rabietas?

Una rabieta no es más que una explosión de rabia e ira por algo que sucedió de una forma que no esperábamos y que sentimos muy cercano. La decepción es tan grande que nos desborda.

Una reacción emocional así la tenemos todos, mayores y pequeños. Seguro que recordáis la última vez que estallasteis tras un mal día, una discusión o un final inesperado. Si lo vemos así, seguro que podremos empatizar mejor con las llamadas ‘rabietas infantiles’.

Los niños transitan por sus vidas avanzando por distintas etapas evolutivas. Hasta bien superada la primera crianza, sienten que el mundo no está hecho a su medida, y más que una sensación es una realidad. ¿Os imagináis como sería vivir en un mundo que os viene grande? Pues esa es la cotidianidad de nuestros pequeños.

¿Cuándo comienzan las rabietas?

En el momento en el que los bebés dejan de serlo, comienzan a interactuar con el mundo que les rodea y se sienten por primera vez independientes en ciertas cosas, pero aún les falta muchísima experiencia vital, comienzan a sentir impotencia y enfado intenso hacia lo que no se comporta como deseaban, pero por falta de capacidades y habilidades para expresar, inconscientemente y desde el instinto reaccionan desmesuradamente. Ahí comienzan las rabietas. Estamos hablando de los dos años, aproximadamente, a veces antes.

En la infancia la etapa de las rabietas es evolutiva y necesaria. Una herramienta fundamental para aprender a gestionar las emociones y la tolerancia a la frustración, ambas cosas imprescindibles para la vida. Y favorece la autoestima y el autoconocimiento.

Por tanto, si nuestros peques sufren rabietas, es porque es lo que les toca. No están enfermos ni se portan mal ni nos están retando. Sólo expresan como pueden lo que sienten. Sus motivos siempre son lícitos, aunque no los entendamos. Y aunque a veces no tengan razón, ocurre que ellos no lo saben.

¿Por qué se producen las rabietas?

La cuestión entonces es entender porqué se producen, para así intentar prevenirlas y evitarlas, y si no fuera posible, acompañarlas y ayudarles a gestionarlas. Al mismo tiempo que aprendemos sobre nuestras habilidades emocionales, y nos hacemos mejores junto a nuestros hijos.

La frustración que lleva a los niños a la rabieta puede llegar: de los actos de otros, adultos o niños, por sus propios sentimientos, pensamientos y emociones, puesto que se están conociendo a sí mismos, por las limitaciones que su cuerpo ofrece hacia acciones nuevas, o las que les ofrecen los objetos con los que se relacionan, al no entender que son inanimados,  o simplemente por la necesidad evolutiva de hacerse presentes y mostrarse al mundo.

Frente a una rabieta conocemos a nuestros hijos, sus limitaciones y las nuestras.

¿Cómo prevenir las rabietas?

Si queremos prevenirlas intentemos evitar las situaciones que sabemos que les desagradan, siempre que nos sea posible y nos parezca correspondiente.

Si no podemos evitarlas ni encontrarles alternativa, expliquémosles esa imposibilidad, validemos sus emociones al respecto y ofrezcámosles una compensación, haciendo con ellos o para ellos algo que sabemos les encanta, evitando las compensaciones materiales, para que no sientan y aprendan que les estamos “comprando”, y demos oportunidad, sin querer, a sus chantajes.

Y, sobre todo, actuemos desde la consciencia que el mundo y nuestro día a día está construido a medida de los adultos, que los ritmos suyos y los nuestros son diferentes y que por su falta de experiencia de vida hay cosas que, simplemente, no pueden comprender porque no las han experimentado.
Así que, actua con cariño, pero con firmeza. Adapta tu comunicación a su momento y su capacidad de comprensión, no prometas si no vas a cumplir, no les mientas, y sustituye los castigos por las consecuencias.

¿Cómo actuar ante una rabieta?

Si finalmente no hemos podido prevenir ni evitar, y nos encontramos con la rabieta de lleno y de frente, sólo podemos acompañarla, desde la presencia, la escucha, la empatía, mientras que lidias con la gestión de tus propias emociones al respecto y mantienes la calma y el control.

Durante el acompañamiento de una rabieta no les grites, quizá no sirva ni hablarles siquiera, porque ¿quién entiende lo que dicen otros si ni pueden escucharse a sí mismos?. Está asustado, desbordado, fuera de sí. Asegúrale un entorno seguro para que no se haga daño ni dañe a otros.

No le distraigas para sacarle de ahí, porque la gestión emocional requiere de su proceso y este de sus tiempos, y cada cual tiene los suyos. Si le interrumpes, la explosión volverá cuando menos la esperéis, y al alejarse del origen será más incomprensible para él y, por tanto, más intensa y difícil de abordar.

No le regañes, no ironices ni ridiculices su momento, sólo espera a que se le pase y que sepa y sienta que estás ahí, y una vez superado el momento, seguro que podréis abrazaros y hablar sobre lo sucedido.
Y en público igual que en privado. Se consecuente. No le enseñes que fuera de casa las cosas son diferentes. Y si te encuentras con malas reacciones desde fuera, no te dejes afectar y piensa que estás haciendo lo correcto.

Cada etapa tiene sus motivos por los que estallan en rabietas, ya sean pequeños o grandes, pero todos necesitan de nosotros apoyo, sostén, refuerzo, presencia, respeto, espacio, atención, escucha y mucho, mucho amor. Ese amor incondicional que sólo los progenitores regalamos a nuestros hijos. De ese amor que les damos, aún cuando sentimos que no se lo merecían en ese momento. Y rabieta a rabieta, emoción a emoción, y siempre con nosotros cerca, irán sobre ellos mismos, los demás y lo que les rodea, el miedo y el rechazo irán cediendo a la seguridad y la libertad. El desarrollo del lenguaje y de la personalidad ayudarán, y un día serán suficiente conocedores de su vida como para comprender sus sentimientos y gestionar sus emociones, consiguiendo permitirse reaccionar, pero con mayor mesura y menor dolor.

Todo llega, todo avanza, todo resuelve. Ellos aprenden desde la experiencia propia y la repetición, como hacemos los seres humanos, y nosotros estamos a su lado. Y juntos descubrimos la convivencia en familia y los misterios de la crianza, eso para lo que nada ni nadie nos prepara.

Raquel Villaescusa.
 

 
Madre, doula, coach familiar y profesional de la comunicación y el marketing.
Coautora del programa de RNE ‘Mamás y papás’, de Radio 5.
Mamás y papás RNE

Formadora y articulista en maternidad, crianza y familia.
Experta en acompañamiento en duelo y en inteligencia emocional en familia.
Inteligencia Emocional en Familia

Raquel Villaescusa

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